El 'My Story' de Kevin Punter: “El baloncesto te desafía de una forma inimaginable”
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La vida de Kevin Punter ha estado llena de obstáculos. Forjado en el Bronx, jugaba a baloncesto hasta que oscurecía con el gran sueño de jugar en la NBA. En el primer capítulo de 'My Story', el podcast producido por Barça Studios, el jugador azulgrana se emociona cuando recuerda que estuvo a punto de dejar el baloncesto cuando las universidades le rechazaban por no tener suficiente nota y, sobre todo, cuando se quedó fuera del Draft por culpa de una inoportuna lesión.
Su camino a Europa empezó en Grecia y, después de mucho esfuerzo y muchas mudanzas, ahora se encuentra muy a gusto en Barcelona: “me gustaría quedarme aquí unos años más. Lo he pensado y me he hecho ciertas preguntas. Así que sí, seguro, al 100%”, sostiene.
En esta extensa y amena entrevista, Punter hace un viaje al pasado para explicar su infancia y todo los obstáculos que ha vivido para ser el jugador determinante que es ahora. Siempre a base de esfuerzo y amor por el baloncesto.
La familia
“Todos los tatuajes tienen un significado detrás. La gente no lo sabe, pero mi madre siempre me pedía que no me hiciera tatuajes en la cara, en el cuello o en los brazos. Ella no quería que tuviera un determinado aspecto, viniendo de dónde vengo. Por eso tengo toda la espalda y la parte delantera llena de tatuajes. Tengo tatuada la cara de mi hermano pequeño, de mi padre, de mi abuela y de mi madre. Mi familia siempre está conmigo”.

“Esta es mi novena temporada como profesional en Europa y ésta es la primera vez que hablo con mi abuela cada día. Es una locura, hablo con ella todos los días, me envía mensajes de texto y emoticonos. Simplemente desea asegurarse de que estoy bien. Me envía una pequeña oración diaria y hablamos de pequeñas cosas”.
“A veces echo de menos a mi familia, pero estoy a una llamada de distancia. Mi familia sabe que tengo que hacer lo que estoy haciendo y puedo echar de menos pequeñas cosas, pero no lo cambiaría por nada. Jugar en el extranjero me salva de muchas cosas”.
La infancia en el Bronx
“Tuve la suerte de crecer con mi madre, mi padre y mi hermano pequeño. Siempre le digo a mi madre que tuvimos la suerte de tener a los dos padres porque, en el entorno en que crecí y ves las cosas que ves, es realmente importante tenerlos. Si sólo tienes a mamá, te falta una figura paterna”.
“Mi relación con Bronx es inexplicable. Es difícil ponerlo en palabras porque soy de ahí. Es donde empecé a jugar al baloncesto. Mi tía y mi abuela todavía viven allí. Me encanta y quiero al Bronx”.
“El baloncesto y mis padres me mantuvieron alejado de hacer otras muchas cosas que también pasaban justo delante de mi cara”.
La cultura del esfuerzo
"Mi padre siempre me dijo que trabajara fuerte, que me encargara de mis asuntos y estuviera centrado. No tuve a los padres más estrictos pero mi padre, cuando se trataba de conseguir los retos, siempre te hacía trabajar fuerte. Libros, baloncesto, libros y las cosas llegarán más adelante".
“Mi padre era obrero y le veía levantarse cada día a las cuatro o cinco de la mañana, sin quejarse. No importaba si era un buen día o mal día. Se levantaba y se encargaba de sus asuntos”.
Los inicios con el baloncesto
“Empecé a jugar regularmente a baloncesto a los siete años. Había un parque frente a mi edificio y solía ir cada día hasta que mi padre volvía de trabajar o, en verano, hasta anochecer. Tienes que entender lo que ocurre en la pista, si no has tocado el balón en cinco jugadas es porque no te conocen. Así que cuando tienes la pelota, tienes que tirar o hacer que algo suceda. No puedes ser débil ni puedes ser intimidado cuando es tu turno para entrar en pista. Y tienes que ganarte quedarte en la pista. Si pierdes, quizás no vuelvas a entrar hasta media hora”.
“No siempre fui el mejor jugador mientras crecía. Era un niño que debía seguir trabajando en mi juego y, cuando llegué al instituto, me di cuenta de que era bastante bueno”.
Una llamada dejando el baloncesto
“Por culpa de no tener nota suficiente, cogí el camino más largo que se puede hacer en el baloncesto. En ese momento no lo entendía, pero eso me formó mucho. Tuve que ir a una 'prep school' y fue la primera vez que estaba fuera de casa por un largo tiempo y tenía nostalgia”.
"Recibí llamadas de muchas universidades que me ofrecían becas, pero mis notas no eran buenas y me rechazaban una y otra vez". “Llamé a mi madre llorando y, en ese momento, estaba preparado para acabar, volver al Bronx y hacer otras cosas”. "Ella me respondió que podía venir a buscarme pero que no tomara una decisión emocional". “Colgué y, una vez me calmé, la volví a llamar y le dije: ‘Aún puedo hacerlo. Sigamos adelante”.
El sueño de la NBA y una inoportuna lesión
“Crecí viendo mucho a Kobe (Bryant), con el número 8. A Shaq (O’Neal). Era cuando los Trail Blazers y los Pacers eran buenos. Según el año en el que naces, sigues a un jugador”. Siempre había querido ir a la NBA”.
“En mi último año, con 22 puntos de media, sentí por primera vez que el sueño de llegar a la NBA era real. Mi agente hasta el día de hoy me dijo que posiblemente podía estar en las últimas posiciones de la primera ronda (Draft) y algunos equipos se estaban interesando”.
“Muchas veces pienso lo que hubiera pasado si no me hubiera lesionado. Tenía molestias en un pie y, en un partido, no pude acabar porque no podía ni andar. Volví a casa cojeando. Al día siguiente no podía poner el pie en el suelo. En ese momento supe que mi carrera había terminado”.
La difícil llegada a Europa
“Estaba a punto de rendirme y mi agente me propuso ir al extranjero. Y yo le respondí que no iba a ninguna parte de Europa. Yo no sabía nada del baloncesto europeo. Cero”.
“Era volver a realizar un cambio de rumbo. El baloncesto te coloca y te desafía en diferentes situaciones que nunca imaginarías. Es una locura”.
“No tenía dinero y mi agente me ofrecía 40.000 euros. La otra opción era ir a la G-League, pero la oferta era inferior. Cuando bajé el avión, el móvil no funcionaba. Sólo volé un par de veces y la llegada fue difícil. Todo era distinto. Cuando estaba solo en el hotel pensé en volver. Jugar a baloncesto fue lo que me hizo resistir”.
“Hasta la séptima temporada en Europa, en verano siempre estaba pensando constantemente en como ir a la NBA. No había hecho las paces con el tema. Cuando entiendes cómo funciona el negocio y el mundo del baloncesto, te das cuenta de que para llegar a la NBA no todo es baloncesto. Ahora, en mi 9a temporada, entender esto me da paz mental”.
La llegada al Barça
"La llamada del Barça fue como una forma de mirar atrás. Empecé en Lavrio, en Grecia, y ahora juega en el Barça. Es una demostración que todo el trabajo que he hecho, todo el esfuerzo verano tras verano, temporada tras temporada, no ha pasado desapercibido. Se trata de seguir trabajando. Es lo más importante para mí y siempre estoy intentando mejorar. No soy una persona complaciente”.
“Me encanta Barcelona y su clima. Es inmaculado. En Nueva York siempre hace frío. Barcelona también me recuerda a Nueva York, siempre hay gente en todas partes”.
“Todo está genial y me gustaría quedarme aquí unos años más. Lo he pensado y me he hecho ciertas preguntas. Así que sí, seguro, al 100%”.
“Estoy en un momento de mi carrera en la que estoy más tranquilo. Me puedo centrar en mis objetivos y en estar mejor todos los días. Dejo pasar ciertas cosas que antes no dejaba pasar”.
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