El consejo mejor guardado de Justin Robinson

El consejo mejor guardado de Justin Robinson

El estadounidense repasa una trayectoria marcada por las adversidades, la influencia de su padre y la personalidad para superar los obstáculos que han definido su vida, tanto dentro como fuera de la pista

"No dejes que nunca nadie te robe la felicidad y confía siempre en ti mismo". Justin Robinson no olvidó el consejo de su padre. Le acompañó cuando, de pequeño, soñaba con llegar a la NBA o cuando una lesión le dejó sin jugar, en la otra punta del mundo. El '5' azulgrana tiene esa idea grabada a fuego y a día de hoy sigue definiendo su manera de entender el baloncesto y la vida.

Su historia no es sólo la de un jugador que a sus 29 años ha llegado a Barcelona después de un recorrido que le ha llevado por la NBA, Australia, Italia y Francia. Es la de alguien que ha tenido que aprender a encontrar sentido en el camino recorrido cuando las cosas no salían como las había imaginado.

Los inicios

Robinson empezó a jugar a baloncesto con cuatro años, en una familia en la que el deporte formaba parte del día a día. Creció en Manassas, Virginia, y a los 13 años se trasladó a Rockville, Maryland, para estudiar al tiempo que aumentaba sus opciones de dar el salto al siguiente nivel.

"Me enamoré del baloncesto viendo los partidos con mi familia. Mi ídolo era Allen Iverson. Todo lo que él hacía, yo también lo quería. El peinado, la forma en que vestía...Sabía que no iba a ser el más alto, pero él medía 1,83 metros y era un gigante de estatura baja. Su actitud, tanto dentro como fuera de la pista, es con lo que me reflejé”.

La idea de un jugador capaz de competir contra todo y contra todos, acabó formando parte de su propia identidad. "En mi casa teníamos una pista y todo el mundo venía a jugar. Mi hermano mayor y sus amigos siempre me ganaban, así que se trataba de superar esa adversidad".

Dos meses en el hospital

Antes de que el baloncesto se convirtiera en su profesión, Robinson tuvo que afrontar una experiencia que va más allá de cualquier reto deportivo. Una apendicitis derivó en complicaciones durante la intervención quirúrgica que casi le costó su vida. Pasó cerca de dos meses en el hospital, parte del tiempo en cuidados intensivos. "Situaciones como ésta me han convertido en un líder, de forma natural. Con la mentalidad de disfrutar, pase lo que pase. He vivido situaciones que mentalmente me han puesto a prueba, pero lo que he aprendido es a estar siempre alegre. "En el baloncesto, puedes fallar o anotar, como en la vida, hay circunstancias que no pasan como queremos, pero debes seguir adelante y superar las dificultades, cueste lo que cueste". 

El paso por la NBA y el día que el sueño cambió 

Jugar en la NBA era el objetivo que perseguía desde pequeño. Cuando los Washington Wizards le ofrecieron un contrato de tres temporadas, "la alegría fue inmensa" y la posibilidad de jugar en casa y compartir ese momento con la familia convirtió el sueño en realidad.

Ahora bien, la etapa no fue como esperaba y no tuvo continuidad con ninguno de los equipos a los que fue traspasado. "Me di cuenta de que mi historia va más allá de la NBA".

Donde mucha gente podría verse truncada su trayectoria, Justin Robinson salió con una lección admirable. "Se tú mismo, pase lo que pase". Y siempre ha sido así, pese a sentirse subestimado en muchas ocasiones durante su trayectoria, el nuevo base azulgrana tiene muy claro que "es más importante la producción que la expectativa que tienen de ti. Si juegas y produces buenos números, éstos no podrán ser ignorados".

Una lesión en la otra punta del mundo

La carrera le llevó hasta Australia. En el primer partido de una nueva etapa en el extranjero, lejos de casa, una lesión le dejó fuera de juego durante el resto de la temporada. “Estaba en la otra punta del mundo, sin amigos ni familia, pero la forma en que la gente del club afrontó mi lesión, me hizo darme cuenta de que mi trayectoria no había terminado y que podía tener un impacto en el juego desde otra perspectiva”, recuerda.

El paso por Breogán

Pese al agotamiento mental, físico y emocional que supuso esa experiencia, Robinson firmó por el Breogán donde sólo disputó nueve partidos, pero fueron suficientes para la permanencia del equipo gallego en la Liga ACB. Sin embargo, Robinson explica que en Lugo "me sirvió para recuperar la alegría y el amor por el baloncesto, a pesar de las dificultades que había tenido que pasar, me sentí en paz. Aquella etapa cambió mi carrera, mi trayectoria y mi vida".

Amor a primera vista con Barcelona

Robinson también pasó por Italia, con los Trapani Shark y por Francia, en su primera experiencia en la Euroliga, de la mano de París Basketball.

Ahora bien, antes de aterrizar en Barcelona como jugador azulgrana, el estadounidense visitó la ciudad durante un par de días en un viaje familiar y descubrió que "era un lugar donde podía imaginarme viviendo por un largo período de tiempo, si se daba la situación. Me enamoró la cultura, la comida, la ciudad y su gente, me hacía sentir como en casa".

Dicho y hecho. Justin Robinson ha acabado aterrizando en Barcelona con la mentalidad abierta, con ganas de adentrarse en la cultura catalana y sus gentes. "El Barça es un club con mucha historia. Es una sensación increíble, firmar por un club como éste, es monumental".

Después de dos meses defendiendo los colores azulgranas, Robinson se ha convertido en uno de los líderes del equipo y también ha demostrado su talento con canastas en el último segundo para forzar la prórroga contra Olympiacos o que han dado victorias importantes, como sucedió contra el Anadolu Efes y el Maccabi de Tel Aviv. "En los momentos que sientes que la afición vibra con tus canastas, te das cuenta de que has tomado la decisión acertada".

Su padre, muy presente en la nueva etapa

Justin Robinson y su pareja esperan el nacimiento de su hijo, previsto para inicios del 2027. Será unos siete años después de perder a su padre. Robinson confía en “hacerlo la mitad de bien de lo que él hizo conmigo, fue un padre fenomenal”.

Es consciente de que la paternidad pasará por buenos y malos momentos, como cualquier partido o cualquier etapa de la vida, pero "la idea de llevar a alguien al mundo, es indescriptible. Y la idea de poder decir que mi hijo será nacido y criado en Barcelona es extraordinaria. Espero estar aquí mucho tiempo".

El destino ha cambiado más de una vez para Justin Robinson, pero el hilo conductor de su vida sigue siendo el mismo desde el inicio: confiar en uno mismo y mantener la alegría individual y con las personas que le rodean. Y desde el pasado verano, esto incluye a Barcelona y su gente. Especialmente, la afición azulgrana.

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